Opinión
Miércoles, 03 de febrero de 2021
Utopías y realidades ante la pandemia en Corrientes
Los fríos números de las estadísticas respecto al desarrollo del Covid-19 en Corrientes, nos dicen hoy que estamos tal vez mejor de lo esperado para esta altura del año post fiestas y temporada de verano donde el relajamiento, es casi inevitable.

Repasando podemos decir que el índice de reproducción del virus está en 0,87, alentador si se considera que una epidemia está controlada cuando este número está en 1 o debajo de 1. Las estadísticas también nos dicen que la curva de casos nuevos se mantiene aplanada, con índices dentro de lo esperado. Indican también que Corrientes está por encima de la media nacional en cuanto a cantidad de test de PCR y Ag por millón de habitantes, al igual que en cantidad de test realizado por caso confirmado, lo cual implica que el porcentaje de positividad sea menor comparándolo siempre con el promedio país.

Podemos ver también que, en la dolorosa estadística de la tasa de letalidad, Corrientes con un índice de 1.6 %, está por debajo de la media nacional, que es de 2,7, y de los números que manejan muchas otras provincias o países vecinos.
Pero, siempre parece haber un pero en el horizonte del manejo de esta pandemia. El panorama no se presenta alentador por múltiples factores. Uno de ellos puede ser el inicio del ciclo lectivo que conlleva ciertos riesgos inevitables, fundamentalmente en lo que hace al uso del transporte público y del transporte escolar.

Pero tal vez el riesgo más alto sea el de la llegada de la segunda ola que ya castiga, y con más dureza que la primera, al continente europeo. No hay motivos para pensar que esa segunda ola no llegará a Argentina tarde o temprano. Los especialistas sanitarios a nivel nacional la aguardan para marzo / abril y poco después, tal vez para abril / mayo, podría al resto del país.

Claro, no estamos hablando de una ciencia exacta que predice los tiempos con precisión. No, estamos hablando del manejo de una pandemia desconocida e impredecible en la que sólo se pueden hacer especulaciones en materia de fechas, después la biología dispondrá.
Las esperanzas o ilusiones de muchos argentinos están puestas en las vacunas. En que lleguen a tiempo y pueda ser inmunizada la gran mayoría de los argentinos para, sumado a quienes ya la adquirieron por haber estado contagiados, se logre la tan ansiada inmunidad de rebaño y que genere mayor seguridad.

Pero, siempre los peros, si bien la ilusión es lo último que se pierde hay que ser realistas, poner los pies sobre la tierra y manejarnos con lo alcanzable. Y lo palpable y alcanzable hoy, es que hasta ahora, más allá de los cantos de sirena de algunos funcionarios nacionales acostumbrados a festejar los goles antes de convertirlos, las vacunas en la Argentina son un bien escaso y difícil de alcanzar.
Dicho en otras palabras, las promesas oficiales, que cada tanto se renuevan con nuevos números, no se cumplen. Están muy por debajo de los anuncios, promesas y expectativas.

Vamos a centrarnos en Corrientes. Hasta el momento llegaron a la provincia 8250 dosis del primer componente y 3500 dosis del segundo componente de la vacuna rusa Sputnik V que, alcanzarán para cubrir a todo el sistema de salud pública y a gran parte del privado. Pero la prioridad ahora es cubrir a los mayores de 60 años y a aquellos con comorbilidades que los hacen personas de alto riesgo.
Para cubrir esa población de riesgo Corrientes necesita 300.000 vacunas que deberán ser aplicadas a un ritmo de 5000 por día durante dos meses para completar el ciclo. Argentina consiguió desde fines del mes de diciembre hasta ahora, para distribuir a lo largo y ancho del país de manera proporcional de acuerdo a la cantidad de habitantes de cada provincia, sólo 550.000 vacunas.

Lo peor es que todo hace indicar que el Gobierno nacional está lejos de poder adquirir al laboratorio que sea la cantidad de vacunas necesarias para cubrir las necesidades de este país. Hasta ahora todo fueron promesas, excusas y ruegos del presidente Alberto Fernández a su par ruso Vladimir Putín para mejorar las cifras. Y lo peor, nada hace suponer que la cosa vaya a cambiar a corto plazo. Argentina, por incapacidad, por falta de poder, por falta de recursos, por no ser confiable o por inutilidad de sus dirigentes, no está en la mesa de las grandes negociaciones para hacerse de la vacuna.
Si Argentina no pudo entrar, es una utopía inalcanzable, como todas las utopías, pensar que Corrientes pueda llegar a adquirir alguna determinada cantidad de vacunas. En el Gobierno provincial aseguran que todo está listo y disponible para que, de llegar las vacunas necesarias, se distribuyan y apliquen, pero… las vacunas no llegan al país en la cantidad necesaria.

Por las dudas, la Provincia ya planea ampliar las capacidades técnicas y operativas del Hospital de Campaña -levantado en el Hogar Escuela-, a modo de prevención por lo que pueda suceder.
Los especialistas en todo el mundo afirman que la vacunación, las medidas de higiene y prevención y la responsabilidad social, son las tres patas de la estructura necesaria para enfrentar esta pandemia de tránsito impredecible, aunque esta última es la que mayor prevalencia debe tener sobre las otras dos. La razón es sencilla, podemos estar vacunados, lavarnos las manos y usar barbijo, pero si no tenemos la responsabilidad social de sostener las distancias, de asumir el compromiso de cuidarnos y de cuidar a los demás, todo lo otro será inútil.

Las vacunas sólo están en cuenta gotas. El lavarse las manos y usar los distintos tipos de alcohol o desinfectantes y usar barbijos (salvo estúpidas excepciones) parecen ser ya carne en los correntinos.
Pero la tercera pata, la que debe ser la más poderosa, es la que más parece costar tomar como propia a una gran porción de la sociedad correntina: responsabilidad social.
Responsabilidad social ante esta situación sanitaria de pandemia significar básicamente cuidarse cada uno para así cuidar a los demás.

Significa no sólo usar barbijos y respetar los distanciamientos. Significa, además, no romper burbujas estrechas, evitar aglomeraciones. Significa ser responsables en el cuidado de la gente mayor que es la más vulnerable. Una fiesta menos no le va a cambiar la vida a nadie, pero largas consecuencias de una enfermedad impredecible o una muerte, sí.
Hasta ahora Corrientes acumula 375 víctimas fatales a causa del Covid-19. Quien no asume la responsabilidad social que el momento demanda, corre el riesgo de pasar a engrosar o empujar a alguien a formar parte esa dolorosa cifra que nadie quiere ver crecer. Seamos más claros aun: estamos hablando de que tener responsabilidad social hoy significa defender la vida. Defendámosla, porque… ¡¡¡La pucha que vale la pena estar vivos!!!

Por Alfredo Zacarías


 
 
 
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